Toda la vegetación ayuda a reducir la sensación de calor, pero dentro del mundo vegetal los árboles se llevan la palma. Un árbol bien situado puede cambiar por completo un jardín y convertirlo en un espacio mucho más fresco y agradable.
Puede proteger la pared de una casa que recibe el sol durante todo el día, dar sombra a la zona donde aparcamos el coche o crear ese rincón donde todos los domingos nos sentamos a comer la paella con los amigos.
Y es que los árboles no solamente aportan belleza. También nos ayudan a crear espacios más confortables durante los meses de más calor.
La sombra no lo es todo
La sombra es uno de los grandes beneficios de los árboles, pero no es el único mecanismo por el que ayudan a combatir el calor.
Sus hojas liberan agua a la atmósfera mediante la transpiración, contribuyendo al enfriamiento del entorno. Por eso, la sensación de estar debajo de un árbol en un día caluroso es diferente a la de estar simplemente bajo una estructura que bloquea el sol.
Además, los árboles aportan vida al jardín. Cambian con las estaciones, se mueven con el viento y pueden ofrecer refugio y alimento a diferentes especies de aves y otros animales.
Un buen árbol aporta mucho más que sombra: aporta vida, confort y personalidad al jardín.
Pensar en los árboles al diseñar el jardín
La ubicación de los árboles es una decisión importante cuando diseñamos un jardín. No se trata únicamente de elegir una especie que nos guste, sino de pensar cómo crecerá y qué sombra proporcionará dentro de unos años.
Una buena ubicación puede ayudarnos a proteger determinadas zonas de la vivienda del sol durante el verano. También podemos aprovechar los árboles de hoja caduca para conseguir un efecto diferente según la época del año.
Durante el verano, su copa proporciona sombra cuando más la necesitamos. En invierno, al perder las hojas, permite que una mayor cantidad de luz solar atraviese sus ramas.
Por eso, antes de plantar un árbol conviene valorar su tamaño adulto, la orientación, la distancia respecto a la vivienda y sus necesidades de agua y mantenimiento.
Árboles de crecimiento rápido
Si queremos conseguir sombra en relativamente poco tiempo, existen árboles de crecimiento rápido que pueden ser interesantes para determinados jardines.
Entre ellos encontramos especies como las moreras, catalpas, álamos o paulonias, generalmente de hoja caduca. También existen especies de hoja perenne que pueden funcionar muy bien en determinadas zonas y condiciones climáticas.
Sin embargo, crecer rápido no siempre significa ser la mejor opción. Un árbol que desarrolla rápidamente una gran copa también necesita disponer de espacio suficiente para crecer y desarrollar sus raíces correctamente.
Por eso, debemos pensar no solo en el tamaño que tiene el árbol cuando lo plantamos, sino en el tamaño que llegará a alcanzar.
¿Qué tener en cuenta antes de plantar un árbol?
Antes de elegir un árbol para nuestro jardín, debemos valorar varios aspectos:
- El espacio disponible, tanto para la copa como para las raíces.
- El tamaño adulto que alcanzará.
- El tipo de hoja, caduca o perenne.
- La velocidad de crecimiento.
- El clima y la orientación del jardín.
- El tipo de suelo y el drenaje.
- Las necesidades de agua y mantenimiento.
- La distancia respecto a la vivienda, piscina, pavimentos e instalaciones.
Una buena elección desde el principio evitará problemas en el futuro y permitirá que el árbol se desarrolle correctamente.
Plantar un árbol es pensar en el futuro
Cuando plantamos un árbol no solamente estamos pensando en cómo queremos que sea nuestro jardín hoy. Estamos pensando en cómo queremos disfrutarlo dentro de unos años.
Ese pequeño árbol que ahora apenas da sombra puede convertirse con el tiempo en el lugar donde buscamos refugio en las tardes de verano, donde aparcamos el coche o donde nos reunimos con la familia.
Un árbol puede tardar años en alcanzar todo su potencial, pero cuando lo hace se convierte en una de las mejores inversiones que podemos hacer en un jardín.
Bajo la sombra de un buen árbol, el verano se disfruta de otra manera.