El artículo de hoy ha surgido después de hablar con Merce, de Sant Joan de les Fonts.
En los corrales de las casas de Valencia, que en otros lugares de España llamaríamos patios, antiguamente se tenían los animales. Con el tiempo, aquellos corrales y porches empezaron a convertirse en espacios para las plantas.
En muchas casas había hojas de salón, y las mujeres competían por tenerlas cada vez más bonitas.
Cuando un caballo o un burro pasaba por la calle y hacía sus necesidades, salían corriendo a recogerlas para utilizarlas como abono para las plantas. ¡Era una auténtica carrera para ver quién tenía las plantas más bonitas!
Yo recuerdo perfectamente las hojas de salón tan verdes y preciosas que tenía mi abuela Concha. Todo el mundo se maravillaba de ellas.
En verano, gran parte de la vida de las familias se hacía en los patios, y las plantas formaban parte de la decoración de las casas. Macetas de barro, plantas enormes y pesadas que pesaban lo que no está escrito… y mucho trabajo detrás para mantenerlas bonitas.
El ritual de mi abuela
Mi abuela tenía muchas plantas y todos los sábados limpiábamos una.
Me ponía un delantal por debajo de los hombros y yo me lo pisaba al caminar. Después me daba la safeta, (el barreño), con agua y una chorrita de leche.
Y así, poquito a poquito, limpiábamos una planta cada sábado.
El resultado era espectacular.
Tradicionalmente, en muchas casas se utilizaba leche muy diluida en agua para limpiar las hojas y darles brillo. Se pasaba un trapito suave y húmedo por cada hoja y, una vez seca, quedaba con un brillo precioso.
También hay quien utiliza cerveza diluida para este mismo fin.
Son remedios caseros de toda la vida que nuestras abuelas utilizaban mucho.
¿Y los abrillantadores para plantas?
Hoy también existen abrillantadores químicos específicos para las hojas.
Son muy rápidos y dejan la planta brillante enseguida, personalmente no me gustan demasiado.
Muchos de estos productos dejan una película sobre la superficie de la hoja y, si se utilizan con demasiada frecuencia, pueden interferir con el funcionamiento natural de la hoja.
Por eso, en las hojas de salón, yo prefiero algo mucho más sencillo: agua, un paño suave y un poquito de paciencia.
Lo más importante es retirar el polvo con cuidado, hoja por hoja, sin frotar con fuerza.
Y si queremos recordar cómo lo hacían nuestras abuelas, podemos recurrir a esos remedios caseros que forman parte de nuestra historia y de nuestra forma tradicional de cuidar las plantas.
Porque las hojas de salón no son solamente una planta.
Para muchos de nosotros también son recuerdos de nuestras casas, de nuestros patios, de nuestras abuelas y de aquellos veranos en los que las plantas formaban parte de la vida de toda la familia.