¿Porqué podar un árbol joven?

Descubre por qué merece la pena bajar la altura del tronco al plantar un árbol joven y cómo una buena poda de formación puede hacer que lo disfrutes mucho más en tu jardín.

Cuando compramos un árbol joven, muchas veces pensamos que lo mejor es dejarlo crecer tal y como viene del vivero.

No siempre es así.

Los árboles de porte pequeño, especialmente aquellos que todavía no tienen la copa completamente formada, pueden necesitar una poda de formación en el momento de la plantación.

Y aquí hay algo que considero especialmente importante:

Un árbol para un jardín particular no tiene por qué estar formado como un árbol urbano.

¿A qué altura debe estar el cruce del árbol?

En muchos viveros, los árboles se forman con el cruce de las ramas entre 1,75 y 2 metros de altura.

Esta altura tiene todo el sentido cuando hablamos de árboles destinados a calles, plazas o espacios públicos. Se necesita dejar libre el tronco para permitir el paso de personas, bicicletas o vehículos.

En un jardín particular la situación es completamente diferente.

Desde mi punto de vista, no necesitamos levantar tanto la copa. La sombra debe estar en nuestro jardín, no en el jardín del vecino.

Una altura de cruce de aproximadamente 1 metro a 1,50 metros puede resultar mucho más agradable y, dependiendo del árbol y del uso que queramos darle, incluso puede ser interesante comenzar la formación algo más abajo.

A partir de ahí empezamos a formar la copa.

Y cuanto más bajo esté el árbol, más cerca podremos estar de él y más podremos disfrutarlo.

La belleza de un árbol no está en la perfección

Piensa en el árbol más bonito que hayas visto alguna vez.

Ahora imagínatelo.

¿Era un tronco completamente recto, perfectamente limpio y con todas las ramas empezando exactamente a dos metros del suelo?

¿O era un árbol con varios troncos, alguna rama torcida, una copa irregular y esa personalidad que solo tienen los árboles que parecen haber crecido a su manera?

Para mí, la belleza de un árbol está precisamente ahí.

En su naturalidad.

Un árbol no tiene que parecer una columna perfecta.

Tiene que parecer un árbol.

¿Por qué no dejar el cruce a 2 metros?

Porque un árbol en un jardín no está solamente para mirarlo.

Está para vivirlo.

Un árbol con una copa formada más cerca del suelo nos permite acercarnos a él, tocarlo, sentarnos debajo, apoyarnos en su tronco o incluso utilizar sus ramas, siempre teniendo en cuenta la especie, su resistencia y la seguridad.

Podemos:

  • Sentarnos bajo su sombra a leer un libro.
  • Crear un pequeño rincón de juegos para los niños.
  • Colgar un columpio cuando la especie y la estructura del árbol lo permitan.
  • Refugiarnos bajo su copa en verano.
  • Convertirlo en uno de los lugares favoritos del jardín.
  • El lugar perfecto para comerse una paella con los amigos.

Porque un árbol bien colocado y bien formado no solo decora un jardín: crea un espacio dentro del jardín.

¿Y qué ocurre cuando lo plantamos?

Cuando trasladamos un árbol del vivero al jardín, el árbol tiene que adaptarse a un nuevo terreno y a unas nuevas condiciones.

En determinados árboles jóvenes, una poda de formación correctamente realizada en el momento de la plantación puede ser muy beneficiosa.

La poda permite equilibrar la parte aérea con el sistema radicular disponible y empezar a construir desde el principio una estructura adecuada para el lugar donde vamos a plantar el árbol.

Además, nos permite decidir algo que después será mucho más difícil de cambiar:

Cómo queremos que sea nuestro árbol dentro de unos años.

Y esto es fundamental.

Una mala formación cuando el árbol es joven puede obligarnos a realizar podas mucho más importantes cuando sea adulto.

En cambio, si empezamos a formarlo desde el principio, podemos conseguir una estructura más equilibrada, natural y adaptada al espacio disponible.

No todos los árboles necesitan la misma poda

Aquí también hay que tener cuidado.

No se trata de plantar un árbol y cortar por cortar.

Cada especie tiene su propia forma de crecer.

Hay árboles que admiten una formación determinada y otros en los que debemos ser mucho más conservadores.

También debemos tener en cuenta el tamaño que alcanzará el árbol, el espacio disponible, el lugar donde lo hemos plantado y qué queremos conseguir con él.

La poda de formación debe servir para acompañar al árbol, no para luchar contra él.

Y cuanto antes empecemos a tomar buenas decisiones, menos tendremos que intervenir después.

Imagina esta escena…

Imagina un sauce llorón con varios troncos que nacen desde unos 40 centímetros del suelo.

Troncos gruesos, retorcidos, que se separan y forman una gran copa.

Es pleno verano.

El sol está arriba y hace muchísimo calor.

Pero tú estás sentado debajo del árbol, junto a un río o una fuente.

Hay sombra.

Hay frescor.

Se escucha el agua.

Las ramas del sauce se mueven suavemente y forman una especie de refugio natural.

Y piensas:

“Aquí me quedaría toda la tarde.”

Eso es lo que consigue un árbol bien elegido y bien formado.

No solamente embellece.

Se vive.

En Jardinería Kuka siempre hemos defendido una jardinería vivida, natural y disfrutada.

Un árbol no es una farola verde que ponemos en un jardín para que simplemente quede bonito.

Son sombra.

Son refugio.

Son juego.

Son descanso.

Son recuerdos.

Son comidas con la familia y amigos.

Y con los años se convierten incluso en parte de nuestra historia.

Por eso, cuando plantes un árbol joven, piensa también en el árbol que quieres tener dentro de 10, 20 o 30 años.

No pienses solamente en cómo se ve hoy.

Piensa en cómo quieres disfrutarlo mañana.

Y si es necesario realizar una poda de formación, hazla pensando en su futuro, respetando siempre las características de la especie.

Porque formar un árbol cuando es joven es mucho más fácil que intentar corregirlo cuando ya es grande.

Kuka consejo:

Atrévete a formar tus árboles pensando en tu jardín y no en cómo se forman los árboles de una calle.

Bajar el tronco y comenzar antes la copa puede hacer que el árbol sea mucho más cercano, más natural y mucho más disfrutable.

Cuídalos con respeto, obsérvalos crecer, mímalos y, sobre todo…

Disfrútalos.

Porque un jardín no está para mirarlo desde lejos.

Está para vivirlo.

Cuida las plantas y ellas te cuidarán a ti.